El paso de la necesidad a la norma: una historia de la cultura del trabajo desde casa en la India
A medida que el mundo se adaptaba a la pandemia, también lo hacía el concepto de trabajo. El trabajo desde casa (WFH, por sus siglas en inglés) se convirtió en una necesidad y, en los primeros tiempos, era más que una solución temporal: era una forma de supervivencia. Nadie podía salir de casa; los mercados, el entretenimiento, las escuelas... todo estaba cerrado. En esta situación sin precedentes, la gente canalizó su energía hacia su trabajo. Sin ningún lugar adonde ir ni nada más que hacer, los empleados estaban disponibles de inmediato y, a menudo, trabajaban muchas horas. La productividad se disparó y nuevos términos como "trabajo remoto" y "trabajo nómada" se convirtieron en palabras de moda.
Sin embargo, cuando se levantó el confinamiento, las cosas empezaron a cambiar. Algunos clientes empezaron a compartir sus preocupaciones conmigo y empecé a escuchar quejas similares de los gerentes. Notaron una caída en la productividad y la atención. Los empleados que antes estaban pegados a sus pantallas y siempre estaban localizables parecían distraídos. Las teleconferencias se volvieron frustrantes, con gente que a menudo faltaba o no estaba completamente presente. Las quejas se hicieron más frecuentes y no podía ignorarlas.
Al principio, fue fácil atribuir estos problemas al cambio natural en el estilo de vida. Después de todo, una vez que terminó el confinamiento, la vida gradualmente volvió a la normalidad. La gente ya no estaba confinada en sus casas y con la libertad llegaron las distracciones. Pero al analizar la situación más a fondo, me di cuenta de que no se trataba solo de que la vida volviera a la normalidad. El problema era más profundo.
En la India, trabajar desde casa planteaba desafíos culturales singulares, especialmente en hogares en los que el concepto de que alguien “trabajara” desde casa no se entendía ni se respetaba del todo. En particular, noté esto más en las mujeres. Para muchas, estar físicamente presente en casa indicaba disponibilidad para las tareas domésticas, independientemente de sus responsabilidades profesionales. A los miembros de la familia les costaba adaptarse a la idea de que alguien pudiera estar en casa, pero no “disponible” para tareas no relacionadas con el trabajo.
Pero no se trataba solo de dinámicas culturales, sino también de una cuestión de integridad. Durante el confinamiento, los empleados no tuvieron más opción que dedicarse al trabajo. El entorno los obligaba a ser productivos. Pero tan pronto como la vida se reanudó, el trabajo ya no era el único foco. La flexibilidad que alguna vez había sido una ventaja se convirtió en una trampa potencial. Algunos empleados, en lugar de administrar su tiempo con responsabilidad, comenzaron a aprovechar la libertad. La disponibilidad y la concentración disminuyeron y, con ellas, la productividad.
Muchas empresas, deseosas de mantener los beneficios del teletrabajo, se declararon “100 % remotas”. Sin embargo, después de unos trimestres, descubrieron que no era tan eficaz como antes. Tenían dificultades para la colaboración y los resultados se resintieron. La solución para la mayoría fue introducir modelos híbridos, en los que los empleados debían acudir a la oficina unos días a la semana. Pero esta pérdida del teletrabajo a tiempo completo no sentó bien a todo el mundo, lo que provocó mayores tasas de deserción, ya que la gente buscaba empresas que permitieran una libertad total.
Al reflexionar sobre esto, creo que el problema de fondo no son solo las distracciones que conlleva la libertad de trabajar desde casa. Se trata de integridad. La pandemia nos obligó a trabajar a distancia y, durante un tiempo, funcionó porque no había otra alternativa. Pero una vez que la vida volvió a la normalidad, mantener la disciplina para trabajar diligentemente desde casa requirió un sentido de responsabilidad que, lamentablemente, algunos empleados parecieron perder. Al final, no fue el trabajo desde casa en sí lo que fracasó, sino la erosión de la dedicación que la situación exigía.
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